Hacer fila ya no es una pérdida de tiempo: es contenido. El consumo conspicuo Gen Z convirtió las esperas frente a restaurantes, lanzamientos de zapatillas y cafeterías de moda en una nueva forma de exhibir estatus social, y economistas ven en esto el regreso de una teoría de hace más de 130 años.
El fenómeno, bautizado por analistas de consumo como “espera conspicua” (“conspicuous waiting”), describe la práctica de publicar en redes sociales el tiempo que se pasa haciendo cola por un producto o experiencia exclusiva. Cuanto más larga la fila, mayor el prestigio percibido.
La teoría de Veblen que explica el fenómeno
En 1899, el economista y sociólogo noruego-estadounidense Thorstein Veblen publicó “La teoría de la clase ociosa”, donde acuñó el concepto de “consumo conspicuo”: gastar dinero en bienes visibles no por su utilidad, sino para demostrar riqueza y posición social ante los demás.
Veblen también habló del “ocio conspicuo”, la capacidad de mostrar públicamente que uno no necesita trabajar y puede permitirse tiempo libre. Según especialistas en comportamiento del consumidor, la Generación Z invirtió esta lógica.
“Antes se presumía tener dinero para no hacer fila. Ahora se presume tener el tiempo, la paciencia y el criterio para elegir qué fila vale la pena hacer”, explica la socióloga del consumo Renata Ibarra, investigadora de tendencias digitales en la Universidad de Buenos Aires.
Ibarra añade que esta inversión responde a un contexto económico distinto. “En 2026, con la inflación aún presionando el bolsillo joven en toda Latinoamérica, el tiempo se volvió el nuevo lujo visible, más que el dinero en efectivo”.
De TikTok a la fila real: cómo se volvió viral
El fenómeno explotó primero en Nueva York y Los Ángeles, con colas de más de tres horas frente a panaderías virales y restaurantes de “fine dining” accesible. Pronto se replicó en Ciudad de México, Bogotá, Madrid y Buenos Aires.
Videos con los hashtags #linecore y #waitwithme acumulan miles de millones de reproducciones en plataformas como TikTok e Instagram Reels durante el primer semestre de 2026.
La dinámica es simple: los usuarios graban su llegada a la fila, actualizan con “storytimes” mientras esperan y celebran al entrar como si hubieran ganado un trofeo. El contenido genera métricas de interacción muy altas.
Marcas de restauración y retail lo detectaron rápido. Cadenas como la neoyorquina Rao’s Coffee o la mexicana Cafebrería El Péndulo diseñaron lanzamientos limitados específicamente para generar colas fotografiables.
El negocio detrás de la fila
Consultoras de marketing como la neoyorquina Sparks & Honey documentaron un aumento del 40% en marcas que contratan “hacedores de fila” profesionales, personas pagadas para iniciar colas y crear sensación de escasez.
“Es ingeniería social del deseo”, señala Marco Antonio Reyes, director de estrategia digital en la agencia Contexto Latam, con sede en Bogotá. “Fabricamos la fila para que el algoritmo haga el resto del trabajo de marketing gratis”.
Reyes calcula que una fila viral bien ejecutada puede generar el equivalente a 50.000 dólares en publicidad orgánica sin que la marca gaste un solo peso en pauta paga.
Por qué el tiempo se volvió el nuevo estatus
Economistas conductuales apuntan a un cambio generacional profundo. La Generación Z, que llegó a la adultez en medio de crisis económicas sucesivas, no siempre puede exhibir riqueza material tradicional como autos o propiedades.
“Lo que sí pueden mostrar es su capacidad de curaduría cultural: saber qué es lo próximo, lo relevante, lo que vale la pena esperar”, explica el economista chileno Felipe Contreras, autor del libro “Economía del scroll”, publicado a inicios de 2026.
Contreras sostiene que este comportamiento es una adaptación lógica del consumo conspicuo clásico a una economía de la atención. “Veblen no imaginó Instagram, pero su teoría predijo exactamente esto: el consumo siempre busca ser visto por otros para validar posición social”.
Un informe de la consultora McKinsey sobre hábitos de consumo digital, publicado en marzo de 2026, encontró que el 63% de los encuestados de entre 18 y 26 años en América Latina admitió haber esperado en una fila “principalmente para publicarlo”, más que por el producto en sí.
El precio oculto de la espera visible
No todos celebran la tendencia. Psicólogos advierten sobre el desgaste emocional de convertir cada actividad cotidiana en material de exhibición pública.
“Existe una presión constante por demostrar que tu tiempo libre también es productivo socialmente. Eso genera ansiedad, no relajación”, advierte la psicóloga clínica española Laura Medina, especializada en salud mental digital.
Medina atiende en su consulta de Madrid a pacientes jóvenes que reportan fatiga por la necesidad de “narrar” cada momento cotidiano, incluida la simple espera para comer.
Impacto económico para negocios locales
Para pequeños comercios, el fenómeno representa una oportunidad real de crecimiento con bajo presupuesto publicitario. Restaurantes independientes en Ciudad de México reportaron aumentos de hasta 200% en ventas tras volverse virales por sus filas.
Sin embargo, el efecto suele ser efímero. “La fila viral dura entre cuatro y ocho semanas en promedio antes de que el algoritmo pase a la siguiente novedad”, detalla Reyes, de Contexto Latam.
Esto obliga a los negocios a innovar constantemente en su oferta para sostener el interés, generando una especie de carrera perpetua por la próxima experiencia “que valga la pena esperar”.
Cadenas más grandes, como Starbucks y Chipotle, ya integraron esta lógica en sus lanzamientos regionales de productos de edición limitada en 2026, programando colas controladas en horarios de alto tráfico en redes.
¿Es sostenible esta tendencia?
Analistas de consumo coinciden en que el “linecore” es parte de un ciclo más amplio de microtendencias de estatus que caracteriza a la economía digital de la Generación Z, donde experiencias breves reemplazan bienes materiales duraderos.
“No creo que desaparezca del todo, mutará”, proyecta Ibarra. “El próximo paso ya se ve: filas virtuales, esperas gamificadas dentro de apps, reservas que simulan escasez sin necesidad de estar físicamente presente”.
De hecho, plataformas como Resy y OpenTable ya experimentan en 2026 con funciones que muestran en tiempo real cuántas personas esperan por una mesa, alimentando la sensación de exclusividad incluso antes de llegar al lugar.
Preguntas frecuentes sobre el consumo conspicuo Gen Z
¿Qué es el consumo conspicuo Gen Z? Es la práctica de exhibir en redes sociales el tiempo de espera en filas por productos o experiencias exclusivas, usando esa espera como símbolo de estatus social.
¿Quién creó la teoría del consumo conspicuo? El economista Thorstein Veblen la formuló en 1899 en su libro “La teoría de la clase ociosa”, refiriéndose originalmente al gasto visible de dinero para mostrar riqueza.
¿Por qué la Generación Z presume hacer fila? Porque el tiempo y la capacidad de identificar tendencias antes que otros se volvieron un nuevo tipo de capital social, sustituyendo en parte al dinero como símbolo visible de estatus.
¿Las marcas fabrican estas filas a propósito? Sí, muchas empresas contratan personal para iniciar colas y generar sensación de escasez, una estrategia que puede equivaler a decenas de miles de dólares en publicidad orgánica gratuita.
¿Esta tendencia tiene efectos negativos? Psicólogos advierten que puede generar ansiedad por la presión constante de mostrar experiencias sociales validadas públicamente, incluso en actividades tan simples como esperar por comida.




